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Rosa le volvió a ordenar.- Aquí ninguna de nosotras lleva sostén. ¿A qué estás esperando para deshacerte de él?.- Marga se llevó la mano a la espalda y se deshizo del sostén, cruzando vergonzosa los brazos sobre sus senos para ocultarlos de las miradas hambrientas de las chicas.

-Mejor serás que te olvides de la vergüenza. Entre nosotras se va establecer una relación de mucha confianza.- Le dijo Elena cariñosamente y riéndose. Yo ya observaba la escena a través de la mampara de vidrio que separaba la oficina de mi despacho.

Rosa, sentada en una de las sillas, al lado de Elena, que estaba apoyada en el hombro de la misma silla, seguía ordenando a Marga.- Veo que tienes un cuerpo muy bonito... Date la vuelta...Tócate las tetas... con más cariño... sí así... ahora tócate los pezones... tómalos entre tus dedos...-

Marga obedecía mirando a Rosa con desprecio. - Nena...Métete una de las manos en las bragas... más metidas... más. Ahí. Tócate nena, tócate... No me digas que no te has masturbado en la vida...- Se veía la mano de Marga dentro de las bragas, sus dedos parecían hincarse en su sexo.

- Mira, a mí no intentes engañarme...Siéntate en esa silla y ábrete de piernas... Ahora métete otra vez la mano en las braguitas y acaríciate...- - - Ahora teníamos los tres una imagen perfecta del toto de Marga, cubierto por las bragas, pero se percibía perfectamente la trayectoria de sus dedos elegantes. Marga debió de darse por vencida y comenzó a acariciarse y a mostrar un alto grado de excitación. - Más, métete ahora el dedo en el sexo... venga... más... así... así...- Marga parecía a punto de correrse.

- ¡Deja ya de tocarte! ¡Ahora te vas a poner a gatas! ¡Venga! ¡A pasear!-

- Marga paseaba a cuatro patas, dejando caer sus pechos libremente y mostrándonos a todos el delgado talle de su cintura y un trasero delicioso, cuando las circunstancias de su paseo así lo requería.

-¡Ya está bien! Mira... Elena está tristísima porque la rechazaste.- Elena puso cara de tristeza simulada e incluso hizo algunos pucheros.- Tienes que darle una compensación, así que acércate a ella y bésala.-

Marga se fue a incorporar pero rápidamente, Rosa se acercó a ella, y haciendo fuerza sobre su hombro le dijo .- ¿Qué vas a hacer? ¡Ve a gatas y bésale la punta de sus zapatos!-

Marga se acercó a gatas a Elena, que la esperaba de pié y sonriendo. - ¡Vamos, a qué esperas !- Rosa la animaba gritándole. A Marga le costó pero por fin empezó a besar la punta de los zapatos blancos, limpios y nuevos. Besó una punta y luego la otra. Rosa le ordenó que siguiera besando a Elena.

-Bésale la piel del pie... ahora las rodillas... Ahora un poco más arriba.- Elena se iba subiendo la falda escotada y Marga iba dando besos asexuales sobre las medias blancas de Elena. - Ahora... ¡Bésale el coño!- Elena se subió la falda y mostró su pubis negro, sin duda depilado. No llevaba bragas. Las medias se acababan hasta una altura considerable y a partir de ahí sólo quedaba la piel.

Marga se colocó junto a Elena, que la miraba desde arriba y comenzó a besar los muslos muy cerca del sexo de su amiga. Rosa tuvo que intervenir. -¡Te he dicho que le beses el coño!- Se acercó a Marga y agarrándola del cuello la obligó a frotar su boca contra el sexo de Elena. Marga se animó por fin a besar el conejo de Elena, cuya mano cariñosa había reemplazado la mano autoritaria de Rosa y acariciaba ahora la cabeza de mi mujer. Lamía la concha de Elena, que parecía agradecer las lamidas discretas que Marga daba con remilgos y que se había abierto de piernas, tomando una posición en jarra .

-Me parece que tú todavía no estás preparada para esto. Tenemos que hacer un buen trabajo ¿Sabes? Tu marido nos ha dado mucho dinero para que tú disfrutes. - Era mentira, yo no le había dado ni un duro y no les di nada después. Me imaginé que lo dijo para darle más morbo a la situación. - Yo se lo voy a coger, pero Helena me ha dicho que lo va a hacer gratis. Sólo desea hacerte el amor... ya que tú la despreciaste.- Proseguía Rosa.

-Túmbate en el suelo.- Marga obedeció.- Rosa colocó uno de sus zapatos entre las piernas de Marga y metió su pié calzado debajo de las nalgas de Marga. -Te vamos a quitar esos humos que tienes y te vamos a enseñar a que quieras a tu marido y a que sepas valorar las distracciones que tu marido te proporciona.-

Rosa acariciaba con la puntiaguda punta de su zapato el sexo indefenso de Marga oculto bajo las bragas. - Vaya, si te estas quieta será porque te gusto ¿No?- Rosa dijo a Marga, que automáticamente empezó a mover su cintura a un lado y otro. Entonces Rosa se descalzó, ante la imposibilidad de seguir acariciando el sexo en estas condiciones y colocó toda la planta de su pié descalzo en el sexo de Marga. Rosa apretaba su pié y lo restregaba contra el conejo de Marga adivinando su intenciones.

Elena se acercó descalza y empezó a acariciar el cuerpo de mi mujer. Primero acarició sus muslos y luego acarició su vientre y sus senos, intentando pellizcar con sus dedos los pezones de mi mujer, que agarraba el pié de Rosa, más como precaución que por otra cosa. Elena colocó su pie a la altura de la boca de Marga y metió los diminutos dedos en la boca mientras Marga se afanaba en lamerlos ante las exigencias de Rosa, que palpaba a su vez el sexo de mi mujer con toda la extensión de la planta de su pié. Luego, Elena le ofreció la planta del pie a Marga que lamía en toda su extensión de largos lengüetazos y entreteniéndose golosamente en los entresijos de sus dedos.

- Anda, ahora ponte a gatas y sigue besando los pies de Elena.- Marga obedeció al instante. -Pero mueve el culo como si fueras una perrita cariñosa.- Elena movía el culo de un lado a otro. Desde mi silla se veía los cachetes, que asomaban por los exteriores de las bragas. Rosa se acercó y colocó una pierna entre las nalgas de Marga.

- ¡Vaya! ¡Si parece que te empieza a gustar esto del tortilleo!- Dijo Rosa de nuevo, que era la única que hablaba. Rosa se puso de rodillas delante de ella y de un hábil manotazo se hizo con las bragas de Marga y se las bajó hasta las rodillas.

-Qué coño más bonito tienes...y que rico tiene que estar...Uhmmmm...- Creía que Rosa le iba a tocar el conejo, pero se limitó a cogerle de las nalgas y a separárselas para verle mejor el sexo. Elena se puso de pié mientras Rosa seguía tocando las nalgas de Marga, con sus guantes de cuero que dejaban asomar sus dedos. Rosa magreaba ahora con una fuerza moderada las nalgas de Marga, que aguantaba pacientemente apoyada sobre sus brazos.

Elena se deshizo de la minifalda y del corpiño y se quedó desnuda, tan sólo con las medias blancas. Elena estaba mucho más buena en la realidad que en las fotos. Rosa le hizo una indicación para que se sentara en la silla. Rosa se levantó y agarró a Marga de la cabellera obligándola a ir de rodillas hasta la silla donde Elena la aguardaba, con una pierna distendida y la otra flexionada sobre su cuerpo, y el pié sobre el asiento de la silla.

-Ahora vas a aprender a darle placer a una mujer... No te quiero ver que te mueves de ahí hasta que Elena no se haya corrido en tu boca...¡Venga!-

Marga comenzó a lamer la almeja de Elena que se abría de piernas, colocando cada una de ellas sobre los hombros de la silla y agarraba la cabeza de mi mujer cariñosamente, enredando sus manos y sus dedos entre los dorados cabellos de mi mujer.

Rosa se colocó por detrás de Marga, de rodillas y comenzó a acariciarle las nalgas y los muslos, pero podía intuirse por la cara que ponía que esta vez no se iba a conformar con calentarla; Acariciaba los muslos de Marga, acercándose cada vez más a su sexo, hasta comenzar a acariciar y palpar sus labios y a acariciar su clítoris, que se arrugaba y sobresalía excitado. Entonces lo apretada contenido a todo lo largo de sus dedos mientras que Elena le acariciaba y amasaba sus senos.

Marga lamía golosa el caramelo líquido que Elena le ofrecía mientras que Rosa, ambiciosa había comenzado a introducir despacio su dedo índice en la rica fruta de almíbar que era el sexo de Marga. Pude ver cómo Marga echaba la cabeza hacia atrás cuando sintió introducirse el dedo de Rosa en toda su longitud. Rosa agitaba los dedos dentro de Marga, que se afanaba en comer el sexo de Elena, que empezaba a moverse fuera de sí de manera armoniosa pero abandonada, dedicándose ahora a acariciarse sus propios senos y pellizcarse sus pezones.

Elena comenzó a gemir al ritmo que movía la cintura mientras se llevaba la mano al pelo y agarraba de nuevo la cabeza de Marga, y colocaba ambos pies sobre los hombros de mi mujer, ofreciéndole todo su sexo rezumante. Marga dejó de lamer el sexo de Elena que descansaba de su orgasmo, acariciando la cabeza de Marga, pero Rosa no le daba descanso, y mientras una la acariciaba, la otra le movía los dedos sabiamente, provocando la inminente llegada del primer orgasmo lésbico en la vida de mi mujer. - ¿Ya has dejado de lamer, zorrita?.-

Marga se amasaba los senos mientras restregaba su cara por los muslos y el vientre de Elena, que le decía palabras de consuelo, hasta que no pudo más y lanzó un chillido de verdad, no de los que fingía cuando lo hacía conmigo. Era un chillido de gata desesperada, de hembra desahogándose. Rosa no dejó de mover sus dedos dentro de mi mujer hasta que esta no acabó su orgasmo, quedando sobre Elena, con la respiración entrecortada, y la boca que entreabierta, besaba los muslos de Elena.

-¡ La muy zorrilla resulta que ahora te quiere, Elena!- proseguía Rosa. Tomaron a Marga de la mano y comenzaron a pasearla. Marga sólo llevaba puesto los zapatos de tacón y un collar de perlas, aparte de algunas joyas en la muñeca. Rosa intentó besarla en la boca pero Marga la rechazó. En cambio, parecía aceptar los besos de Elena que se aproximaba a ella y le besaba en la boca cada vez con mayor confianza, hasta que le intentó meter la lengua, cosa que mi mujer volvió a rechazar.

Así que Elena habló: -Será mejor que la llevemos a la mesa y sigamos intentando que sea cariñosa..- Llevaron a Marga a la mesa y la sentaron encima de ella, sobre la colchoneta. Elena se colocó detrás de ella con cada pierna a un lado de su trasero, y se sentó sobre sus pantorillas, y Rosa se sentó delante de ella, en la silla, de tal forma que Rosa tenía el sexo de mi mujer muy accesible para su boca.

Elena comenzó a sobar el pecho de mi mujer y a comerle el cuello y la oreja. Marga parecía apasionada ante tan sensuales caricias. Rosa lamía la punta del pezón de Marga que asomaba entre los dedos de la mano de Elena. Mi mujer se volvía loca ante la lengua experimentada de Rosa, que volvía a coger su sexo, separándole los labios que cubren su clítoris y rozándolo levemente.

Marga chupeteaba el dedo que Elena le había colocado en la boca, mientras Rosa le volví a colocar otro dedo en su otra boca, tras lo cual susurró. -Vamos a probar cómo sabe el chocho de esta niña pija.- tras lo cuál, se olvidó de los pezones de Marga y su boca comenzó una trayectoria descendente que sólo se interrumpió en el ombligo de Marga, que inundó con la saliva de su lengua.

Rosa lamió el botón que se le ofrecía en el sexo abierto de Marga, al separarle sus labios, mientras ella acariciaba los muslos de Elena. Rosa besó el clítoris conquistado y lo presionó con los labios, estirando de ellos, lo que provocó una evidente excitación en Marga que intentaba zafarse de Rosa agarrándola del pelo, pero Elena le agarró de las manos y Rosa volvió a repetir su estirón, con más saña.

Rosa entonces se dedicó a lametear el sexo húmedo de Marga, mientras Elena tiraba de mi mujer hacia atrás, con lo cuál, su sexo quedaba más expuesto a la lengua de Rosa que se empeñaba en utilizarlo como un pequeño falo que intentaba penetrarla. Inesperadamente, Rosa extendió su lengua cuanto pudo y dio un lametón que casi alcanza el agujero oscuro de Marga, que volvió a demostrar de nuevo su sobre excitación.

- Elena, échala sobre la mesa.- Elena se retiró poco a poco y Marga quedó tumbada sobre la mesa. Elena fue al frigorífico que tengo en la oficina para el personal y sacó dos cervezas mexicanas, "Coronitas". Las abrió y observaba cómo Rosa se desvestía, quitándose los zapatos y el pantalón y unas bragas negras y dejaba al descubierto una enorme mata de pelo marrón. Luego se deshizo del corpiño y se colocó justo donde quedaba la cabeza de Marga. - Se tiró a la mesa y comenzó a andar a gatas hacia el sexo de Marga, no sin antes parar en la zona donde estaban los pezones excitados de Marga sobre el pecho aplanado por la postura. Rosa se metió todo lo que pudo de las tetas de Marga en la boca mientras mi mujer también mamaba como un chivo del más abundante pecho de Rosa, que le caía generoso sobre la boca.

Luego avanzó hacia el vientre de Marga y se puso a lamer su barriga y sus ingles y los muslos, obligando por otra parte a que mi mujer pusiera su cabeza sobre sus pies. El sexo de Rosa quedaba a la altura de la boca de Marga, tanto que Elena derramó un poco de la cerveza entre las nalgas de Rosa y fue a caer sobre el rostro de mi mujer.

Rosa comenzó a comerse de nuevo el clítoris de Marga, pero esta vez le metía también el dedo en su dulce tesoro. Por otra parte, cruzó un poco más sus piernas y sus sexo se incrustó contra la nariz de Marga a la que no le quedaba más remedio que beberse la cerveza que Elena derramaba poco a poco, mezclada con el almizcle sexual de Rosa.

Rosa no paraba de ordenar al principio- ¡Muévete, coño!- luego -¡Lame de una puta vez!.- Al final, Rosa volvió a provocar el orgasmo tremendo de mi mujer que esta vez no chilló sino que se quedaba callada y se limitaba a intentar abarcar todo el sexo de Rosa con su boca. Rosa se puso de rodillas sobre la cara de Marga y empezó a vocear.-Siiii... Me vieneeee...Ya ya yaaaaaa...aahhhhh...aahhhh.-

-No ha estado mal.- Dijo Elena mientras le daba un poco de cerveza a Marga que seguía tumbada sobre la mesa.- No ha estado mal.- Y le hizo una seña a Rosa para que se bebiera la otra cerveza y volvía a ofrecer un trago de cerveza a Marga que se prolongó hasta que a la cerveza le quedaba un sorbo.

-Me toca a mí.- Elena se colocó frente el sexo de Marga y empezó a mover la punta de la botella entre los labios que rodean su agujero, vertiendo el espumoso resto sobre su sexo, causando un aluvión de frescor y espuma. Elena miraba fijamente el sexo de Marga. -Sabes, siempre he envidiado el pene de los hombres,.- Y al decir esto introdujo el cuello de la botella de "Coronita", que es algo más gordo y largo que un dedo, pero más corto y delgado que un pene, levemente en el sexo de Marga, que se movía nerviosa y tensa.

-¡Ah!., no quieres que te lo meta por aquí...entonces te lo puedo meter por ahí.- Y al decir esto, sacó la botella para presionar levemente contra el agujero oscuro de mi mujer que le suplicaba que no lo hiciera.- ¡No! ¡Por favor! Soy virgen de ahí. -Pero si sólo es un poquito, tonta,- Y Elena seguía presionando.

Marga enterneció a Elena. -Bueno, bueno, pero déjame que te meta el dedo. Sólo el dedo.- marga aceptó tácitamente pero sin dejar de gimotear. Entonces Elena se chupó el dedo y empezó a presionar con su dedo índice en el oscuro agujero que pronto cedió al empuje. Elena dejó el dedo allí metido y aproximó su boca al sexo de Marga, pellizcando el clítoris con la boca como le había enseñado Rosa a hacerlo. Marga, por iniciativa propia se introdujo un par de dedos en el sexo y comenzó a masturbarse. Al ver esto, Elena sacó su dedo y introdujo de nuevo el cuello de la botella en el sexo de Marga, cuyos dedos ahora se limitaban a separar los labios de la vagina para facilitar el paso al improvisado ariete

Rosa se había bebido la cerveza y se había puesto unas bragas que tenían enganchadas un miembro postizo viril. Elena sonrió y se retiró. Marga vio estupefacta la silueta de Rosa acercarse y no pudo reaccionar cuando la cogió del pelo y la obligó a levantarse y ponerse de cara a la mesa. Marga no decía nada. Sabía que con Rosa era inútil.

- Te voy a follar con esta polla, que es lo que te gusta a ti...las pollas.- Rosa agarró el miembro y lo colocó entre las piernas de Marga y tras un par de intentos, el miembro reconoció su camino y se empotró sin problemas en la lubricada vagina de Marga, que miraba detrás de la mampara de vidrio, esperando encontrar una mirada que estaba allí, observando el miembro incrustado entre sus muslos y sus tetas bailando por las embestidas que Rosa le propinaba.

Elena entretanto observaba terminándose la cerveza de Rosa. -Yo también quiero polla, pero no de esa.- Se presentó en mi despacho y se acercó a mí. Me desabrochó la bragueta, mojado por el semen que había derramado hacía tiempo y me sacó el miembro.- Ven cariñito..- me decía estirándome de la corbata hacia ella, que se tumbaba en el suelo. No tuve más opción que agarrar mi miembro e introducirlo como lo había visto hacer antes a Rosa en mi mujer.

¡Cómo se movía aquella morenita! Veía a mi mujer, penetrada, cuyo sexo estaba en poder de Rosa que lo estimulaba, agarrándolo entre los dedos de su mano abierta y por un momento creo que adivinó que nos mirábamos a los ojos. No lo hubiera resistido de no ser porque Rosa intuyó la proximidad del orgasmo de Marga y empezó a mover sus caderas más rápidamente y ya Marga no miraba sino al cielo y al suelo con los ojos cerrados mientras emitía unos hondos susurros de placer

Yo me corrí en Elena que también se corrió un poco más tarde.- Tú no te has follado a mí mujer.- le advertí.- No, prefiero que no esté Rosa, es una egoista...lo quiere todo para ella.- Me respondió. Rosa y Elena se vistieron y se despidieron de Marga dándole un beso en la boca que Marga apenas quiso responder.

Nos fuimos a casa. A Marga le costó reconocer que jamás la habían satisfecho sexualmente de aquella manera y me reconoció que Elena no le desagradaba, aunque a Rosa no la quería. Un día, llamé a Elena y la invité a tomar café. Marga se sorprendió al verla pero al final, las dos acabaron follando y dejando que yo las follara. Marga tiene un cuarto permanente ahora en nuestra casa, para cuando viene a dormir invitada, aunque casi siempre acaba follando, digo, durmiendo en nuestra cama

 

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