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Acabamos sobre el suelo, sudorosos y felices.
Elena me comunicó que Rosa deseaba hablar con nosotros, Marga y yo, para conocernos. Me puse en contacto con ella a través de un chat utilizando un seudónimo previamente fijado a través del correo electrónico, haciéndome pasar por Marga, interesándome por ella. Rosa me respondió explicándome que ella estaba dispuesta a conocer a Marga, pero que era lesbiana y no bisexual y que en principio era reacia a que yo participara. Le respondí , en nombre de Marga, mi mujer, diciendo que yo sólo presenciaría el espectáculo y que lo que sí era necesario es que participara Elena pues lo que deseaba era verla a Marga poseída por varias mujeres a la vez. Le expliqué que Marga no tenía experiencia con mujeres pero que deseaba ofrecerse por darme el gusto a mí. Deseaba Marga, para complacerme, obedecer dócilmente las órdenes que le diera
Recibí después de esto un mensaje muy apasionado de Rosa. Un mensaje caliente y excitante en el que comunicaba a Marga el deseo de obligarla a hacer el amor con su amiga y con ella misma.
Durante todo este período que duró la preparación, tuve una actitud muy calculadora y fría con Marga. Hacía el amor más que antes, pero eso sí, me volví más egoísta. Iba más a buscar mi placer, a echar el polvo para mi satisfacción y la verdad es que aunque procuraba que ella se corriera, lo principal era que yo me corriera a mi gusto. Le hacía los buenos regalos de siempre y nos divertíamos un poco más que antes.
Nos reunimos Elena, Yo y Rosa en una cafetería de un pueblo cercano. Era una cafetería tranquila que yo utilizaba para mis reuniones de negocios, ya que había una gran confidencialidad en el ambiente. Conocí a Rosa personalmente. Me gustó menos que Elena, pues veía en ella una competidora potencial, tenía mirada dominadora y una conducta un poco bronca.
Elena no se anduvo por las ramas. -Mira, Enrique, creemos que nos están engañando y que tu mujer no sabe nada de esto ni quiere nada de nada con mujeres. Ya tenemos experiencia en estas cosas.-
Rosa intervino - No queremos que nos pongas los dientes largos para nada ¿Sabes? Queremos saber qué coño te propones-
Bueno, tuve que explicarles que Marga me había estado poniendo los cuernos, mientras escuchaba las acusaciones de machismo que Rosa me lanzaba, cuando le expliqué que Marga había aceptado mi derecho a vengarme y que mi venganza era que Marga debería participar en una aventura con mujeres.
Rosa me miró incrédula, así que para convencerla, les garanticé de todas las maneras que la aventura tendría lugar, si no con ellas, con otras. Rosa me increpó. -Si no fuera por lo buena que está tu señora te mandábamos a la mierda -
Me extrañó que conociera a mi mujer. Rosa, en un tono más distendido me explicó que Elena se la había presentado para intentar, como yo le había sugerido, conquistarla. Rosa tocaba a Elena y la besaba delante de mi mujer y Marga miraba estupefacta. Lo pasó fatal, me aseguraron ambas. Estaba realmente tensa e incómoda, así que no comprendían como podría convencerla.
Las tranquilicé. -No os preocupéis, en dos semanas tendréis noticias mías -.
Empecé a preguntar a Marga por Elena, y me respondía que no sabía qué era de ella. Le dije que la invitara a comer un día. Se negaba en rotundo. Lo único que quería era enrabietarla.
Un día, decidí hablarle claro y para ello, la cité en mi despacho. -Marga. Ven a la oficina esta tarde a las siete. Sí tiene que ser aquí. Muy bien te espero.-
Marga se presentó vestida como si fuéramos a ir a cenar o algo así. Le tenía preparada una sorpresa. Era una joya me había costado una fortuna y que tenía guardada para regalársela desde antes que sospechara que me ponía los cuernos, en la caja fuerte de la empresa. No me anduve por rodeos:
- Marga, tengo que recordarte mi derecho a vengarme de ti.- Marga puso cara de circunstancias - Ya he decidido cuál será mi venganza. Dado que te gusta follar con todo el mundo, he pensado que no te importará follar esta vez. Si accedes, te regalaré esta joya, si no accedes, entonces mi venganza la diseñará mi abogado.
Marga me miró orgullosa, despectiva, como una romana esperando la muerte. - Y...¿Con quién tengo que hacerlo? - Ya lo verás.- Le contesté-
Su cara reflejaba una honda preocupación. - Le dije para tranquilizarla.- Con una de las personas te une una gran amistad y a la otra la conoces ligeramente. Una de ellas ha querido hacer el amor contigo y la rechazaste.- Le dije eso sabiendo que pensaría en un amigo nuestro bastante desfavorecido, para que asociara la experiencia a él y luego se llevara la sorpresita al ver a Elena.
-A la otra la conoces poco, pero la conoces, y seguro que te dejó una honda impresión. Uno de los días que vengas, te encontraras a las dos personas y tendrás que entregarte a ellas.-
Desde ese día, Marga se presentó siempre que la llamaba extremadamente arreglada, a la caída de la noche en la oficina y yo la llevaba a cenar y a divertirnos. Me recreaba mirándola bella y desenfadada y esperando el día de mi venganza.
Llegó el día y compré una delgada colchoneta en unos grandes almacenes. Despedí media hora antes a mi secretaria y recibí a Elena y Rosa a eso de las seis.
Elena venía con un vestido de cuero blanco que resaltaba sus rasgos morenos, unos zapatos de tacón blancos también. Una minifalda estrecha y corta y unas medias blancas que les daba a sus piernas un tono rosa pálido y la parte de arriba del conjunto, de una sola pieza, se abrochaba por un cremallera delantera que llegaba hasta más abajo del ombligo. Llevaba las uñas pintadas de blanco, lo mismo que las de los pies, y los labios pintados de color naranja, el pelo recogido en un trenza
Rosa iba vestida muy convencional, con unos zapatos de tacón pequeño y unos vaqueros, ajustados, eso sí, y con unos adornos metálicos. Traía una camiseta ajustada negra sin mangas y ligeramente escotada, y podía adivinarse que no llevaba sostén por la nitidez con que se le notaba el pezón y el suave bamboleo de sus senos al moverse. Sus uñas y labios iban pintados color rojo intenso y se había cortado su ya menuda cabellera.
Quitamos las cosas de la mesa que estaba más cerca de mi despacho, que era la que tenía una mayor visibilidad e hicimos un hueco suficiente delante de ella, para poder utilizar el suelo si era necesario. Luego, Rosa sacó de su bolso unos guantes de cuero negros que tenía recortados los dedos y una gorra negra que le daban un aspecto ligeramente militarizado. Las chicas reían cuando sonó el portero automático, por lo que les pedí que se metieran en mi despacho.
Marga llegó tan bella como siempre. Llevaba un vestido de una sola pieza que se colocaba desde la cabeza. Era un vestido verde plátano muy estrecho y escotado tanto por delante como en la espalda y en el propio escote y bastante corta la falda. Para colmo no llevaba medias. Marga no solía pintarse las uñas pero ese día las llevaba pintadas de rosa y los labios los tenía pintados muy discretamente.
- Pasa Marga, verás... han venido a verme dos amigas tuyas... ¡Salid!- A Marga se le cambió la cara cuando vio aparecer a Elena y a Rosa.- - -¿Qué haceis aquí?- Bueno- Le respondió Elena -Hemos venido a hacerle un favor a tu marido que dice que le tenemos que ayudar a cobrarse no sé que deuda, ¿Sábes tú algo de eso? Preciosa.-
Marga me miró incrédula pero yo asentí con la cabeza. Rosa se adelantó poco a poco hasta Marga y poniéndole la mano con decisión en el conejo y acercándose mucho le dijo:
- Eres nuestra. Más te vale que cooperes con nosotras .- Ante esta exhibición de poder, Marga no tuvo más remedio que mostrar su aceptación con una mueca.
-Obedece a estas chicas, yo mientras, la verdad es que tengo mucho trabajo... estaré en mi despacho.- Le dije a Marga, a lo que Rosa apuntó a continuación.- Vamos, nena, vete quitando el vestido ese que llevas, quiero ver de qué color tienes las bragas.-
Marga se quitó el vestido por la parte de arriba, desnudando las piernas en primer lugar y luego mostrando sus braguitas de color blanco y su vientre plano con su perfecto ombligo y su sujetador con encajes. Tiró el vestido de manera despectiva sobre una de las sillas.
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