Sexolesbianas, chicas haciendo Sexolesbianas, Sexolesbianas duro, fotos de Sexolesbianas, videos de Sexolesbianas,  Sexolesbianas muy fuerte, El Sexolesbianas mas erotico. Sexolesbianas 100 % gratis para que puedas ver en nuestra web.

Sexolesbianas

 

 
 
 
 
 
 

 

¿MAS FOTOS?

ENTRAR

Sexo lesbianas

¿AHORA VIDEOS?

ENTRAR

otros links de interes

fotos gratis gay

Voyeur gratis

Sexo gratis

Sexo Gratis

Sexo Fetichista

Cuando estaba a punto de caramelo, se quitó rápidamente el vestido y se bajó las bragas y se empotró en mí, se bajó los tirantes del sostén y dejó desnudos sus pechos y me cabalgó hasta dejarme rendido. Sentí botar su cuerpo encima de mí, apoyado en el suelo por sus rodillas que se extendían a ambos lados de mi cuerpo mientras su vagina caliente y húmeda devoraba mi miembro erecto. Me corrí rápido y ella gritó como si le acabaran de echar el polvo de mi vida. Luego se quedó rendida encima mía, sobre mi pecho que había buscado desabrochando mi camisa con premura.

Pero la verdad es que a mí no me había conseguido engañar con la escenita, por más reconfortante que pareciera. Deseaba una venganza y después de estar hablando un rato, le puse que la única condición que le ponía para estar conmigo era que debía acceder a mi venganza. Aceptó.

Debía ser una venganza que la humillara como me había ella humillado a mí, que no la alejara de mi lado, pues la deseaba junto a mí, y que supusiera para ella un escarmiento. Pensé que lo mejor era darle un escarmiento para aplacar sus apetencias sexuales, excesivas. Para ello lo mejor podía ser someterla a una experiencia intensiva de sexo; Encerrarla en una habitación con cuatro hombres para que la tomaran uno detrás de otro.

Pensaba en estas cosas mientras leía un periódico, ojeando los titulares, bebiendo lentamente el café en un bar por la mañana. Sin darme cuenta llegué a las páginas de anuncios y allí, sin darme cuenta leí algunos anuncios en la sección de relax.. Hubo un anuncio que de verdad me llamó la atención. Eran dos chicas que estaban dispuestas a hacer el amor con un hombre a la vez. El anuncio me llamó la atención, pues en un momento pensé que podía obligar a mi mujer a hacer el amor junto con otra mujer, a compartirme con alguna lagartona.

Nunca había navegado por Internet buscando contactos, pero a partir de ese momento comencé a navegar y pronto conocía bien los recovecos de la red y no fue difícil acceder a un montón de chicas que buscaban relaciones sexuales con parejas, con otras chicas, etc...

Se me ocurrió entonces que mi venganza podría ser obligar a mi mujer a follar con mujeres, con dos mujeres. Pensé que sería un buen escarmiento, pues no era lesbiana, y le había oído hablar con asco de las experiencias que alguna vez había tenido con "toconas", como ella las llamaba.

La cuestión era más complicada de lo que parecía. Primero tendría que involucrar a una chica en mi proyecto de darle a mi mujer una lección. Para ello puse un anuncio en una página de contactos de Internet. Lo ponía en nombre de mi mujer, acompañado de una foto suya que le hice durante la luna de miel en la que tomaba el sol en bikini en una playa caribeña de arena blanca y aguas de color añil, en la que le disimulaba la cara. El texto decía:

"Soy Marga, una señora casada que desea mantener relaciones con chicas para satisfacer los caprichos de mi marido. También estoy dispuesta a satisfacer los tuyos".

Recibí un montón de respuestas. Algunas de hombres comentándome lo buena que estaba, mensajes de parejas que se ofrecían y nos invitaban a intercambios, lo mismo que las de un montón de profesionales que aunque no lo decían directamente, se intuía que lo eran...

No fue fácil seleccionar a la chica. Tenía que comprobar su carácter y para ello, después de explicarle mi plan, que era que se follara a mi mujer, engañándole diciéndole que ella estaría de acuerdo, a lo que ellas me respondían que querían hablar con mi mujer, y yo les decía que ya habría tiempo.

Elena, que así se llamaba la chica que había elegido, era una chica morena, menuda, es decir, no muy alta y era bastante delgada, a pesar de lo cual, tenía un enorme atractivo, por su cara, su nariz y sus labios finos y alargados. Sus ojos eran oscuros y su piel bastante morena. Tenía unas manos parecidas a las de mi mujer, alargadas y de dedos interminables y finos. Era bisexual.

Era una chica muy agradable y en seguida congeniamos. Le pregunte a qué se dedicaba, y me dijo que era enfermera. Deseé ponerme enfermo por un momento para que me diera sus mimos, aunque no perdía de vista que el destino último de sus mimos era el cuerpo de mi mujer. Era una chica de edad parecida a mi mujer. Le pedí que me mostrara una foto, pues aunque podía adivinar que su cuerpo era agradable, tenía que cerciorarme. Elena me mandó al día siguiente unas fotos bastante calientes a través del correo electrónico.

Era como me la había imaginado: de caderas anchas y cintura estrecha y nalgas firmes. Sus pechos eran deliciosos, de esos que el pezón, plano sostiene la parte inferior del seno, volviéndolo casi plano.

Quedé con Elena otro día y me pareció tan adorable como el primer día. Le expliqué a Elena que mi deseo en realidad era llevar a cabo una fantasía, en la que yo seguramente no participaría más que como espectador y posiblemente, desde una habitación distinta.

Le expliqué que mi fantasía consistía en que ella y otra mujer, que todavía no había seleccionado poseyeran a Marga. Le expliqué que mi fantasía era entregarle a mi mujer y que dispusieran de ella a su antojo, durante una noche. Mi mujer estaba convencida, le aseguré, mintiéndole, pues todavía no había hablado con ella.

Me comentó que ella nunca había tenido experiencias en grupo de sólo mujeres, pero que una amiga suya, Rosa, sí y que precisamente ella sí que tenía un perfil claramente adecuado para mi aventura. Le entresaqué algunas de sus experiencias. Elena era una chica a la que le gustaba tomar un papel activo y pasivo. Le gustaba tener iniciativas y que la sorprendieran también. Me contó algunas experiencias de Rosa. A Rosa le gustaba mandar, exhibirse y hacer que se exhibieran por ella.

Mi fantasía era que Marga debía obedecer las órdenes que ambas le dieran y ser solícita antes los deseos de las dos que la disfrutarían por turnos o bien, si se ponían de acuerdo, las dos a la vez. Le pedí a Elena que contactara con Rosa y que la convenciera, si fuera necesario.

Elena tenía dos fotos de Rosa, una de cuerpo entero y otra de cara. Era una chica de facciones suaves pero gesto duro y mirada de loba. Rubia, de pelo corto, por sus medidas debía ser de alta como mi mujer pero estaba algo más rellenita y era unos tres o cuatro años mayor que ella. Me quedé con la idea de que en realidad, en lo estético, tal vez hiciera mejor pareja yo con ella que con mi propia mujer, pero el problema es que compartíamos las mismas aficiones: el amor a las mujeres.

Era una chica de pecho generoso, pero bien puesto y muslos y nalgas bien provistas, tenía un cuerpo de esos que nos gusta a los hombres maduros. Una chica "maciza". Tenía los ojos de color claro, y luego comprobé que eran de color gris.

De boca ni grande ni pequeña, de labios ni gordos ni delgados, una cara redonda en la que la mandíbula le daba una expresión de feminidad y dureza. Tenía un tatuaje pequeño en la parte izquierda de su vientre que luego descubrí como una pequeña rosa roja.

Por otra parte, mi deseo era, darle más morbo a la situación, por eso le sugerí si podía hacer por conocer a Marga por su cuenta. Yo le daría indicaciones de sus horarios y sus hábitos y ella haría por entablar amistad con ella. Le advertí que la misma sugerencia le daría a Rosa. Elena llamó a Rosa allí mismo delante de mí y quedamos para explicarle un poco y conocernos mejor. Se comprometió a hacer por conocer a mi mujer. Le proporcioné en los días siguientes la información necesaria y un buen día me encontré a Elena tomando café con mi mujer en mi casa.

Elena se divirtió echándome miradas picaronas cuando mi mujer no nos veía e incluso intentándome provocar, haciéndome posturitas mientras estaba sentada con las piernas cruzadas en el sillón de la casa. Luego se puso a lanzarme piropos delante de Marga, cosas como "hay que ver qué marido más apañado tienes ", lo que me hacía ponerme colorado como un tomate. Marga se reía pero notaba que hacía unos esfuerzos enormes por volver a recuperar ella el protagonismo de la reunión. Pensé que muy pronto iba a ser la principal protagonista de una reunión que nunca olvidaría.

Hablé con Elena por teléfono al día siguiente y me informó que había contactado con Marga en el club, ya que tenían una amiga común. La amiga la invitó al club y de forma casual se la presentó. Entablaron una conversación, e hicieron muy buena amistad. Le pedí que se hiciera muy amiga de ella y que luego la intentara acosar. Quería que cuando se la entregara a Elena, se la entregara a una mujer a la que había rechazado. Quería también confirmar si Marga sentía la repugnancia que decía sentir hacia el sexo homosexual.

Decir que desde ese día el nombre de Elena salía en todas las conversaciones que tenía con Marga, pero un buen día, se convirtió en una mujer innombrable. Pregunté a Marga por este cambio y ella me dijo que había descubierto que no era buena amiga. Yo sabía ya, porque Elena me informaba, lo de los intentos de besarla en el coche, los mensajes amorosos en su buzón de voz, las notas por debajo de la puerta, las llamadas interminables a mitad de la mañana. Elena me dijo que realmente le hubiera gustado hacer el amor con mi mujer, a la que consideraba una criatura deliciosa. -Todo llegará- Le dije- Todo llegará.-

lesbianas-1