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EN CULLERA Unas fuertes sacudidas dieron paso a una carga en la que mi tronco pareció endurecerse más y las paredes de tu vagina comenzaron a convulsionarse apretándolo con calor y humedad

 

 

Los deberes de cada cual en su hogar y en su trabajo lo hacen difícil, pero ¿quién sabe si en algún momento la ocasión puede llegar? Y en mi imaginación, la ocasión por fin llegó. Después de varios meses de hablar de vez en cuando por el Messenger y así irnos conociendo, sin vernos, al fin terminaban los impedimentos y cumpliríamos nuestro reprimido deseo de estar juntos y complacernos en todos nuestros deseos hablados y comentados, soñados y transmitidos. El momento había llegado.

Habíamos quedado en encontrarnos en la localidad valenciana de Cullera, bien conocida por ambos. En una cafetería del paseo marítimo y al vernos, una corriente nerviosa nos atravesó el cuerpo como si fuese un rayo, cuando por fin estabamos juntos, un suave beso con los labios y un fuerte abrazo nos hicieron olvidar todo a nuestro alrededor y vivir el momento solo para nosotros. Nos saludamos y nos dijimos lo contentos que estabamos de por fin reunirnos y poder hacer realidad nuestros deseos. Mientras tomábamos unas cervezas y unas tapas, hablamos y hablamos de nosotros sin importarnos el tiempo que pasase, pues teníamos un largo fin de semana para nosotros.

Tras pagar las consumiciones, ya anochecido, salimos al paseo cogidos de la mano como dos adolescentes enamorados y bajamos a la arena, para pasear lentamente, sin prisas, en dirección a la desembocadura del río. Así, cogidos de la mano, fuimos charlando de nuestras cosas, largo rato y de vez en cuando unos furtivos besos se nos escapaban a ambos. Al llegar al final de la playa, no pude más, te giré hacia mí, te abracé, y besé tu boca con pasión. Nuestras lenguas se entrelazaban en una lucha por atraparse una a otra. Nuestros labios se fundían cálidos y las manos volaban de un lado a otro acariciando sobre las ropas las formas de nuestros cuerpos. La sensación era maravillosa y la temperatura interior subía a niveles excitantes, más aún que los de la cálida noche de verano.

En un momento dado, ambos, sin decirnos nada, mirándonos a los ojos, y mirando a nuestro alrededor, no vimos a nadie cerca y como hipnotizados comenzamos a desnudarnos hasta quedar los dos completamente desnudos. Tú terminaste antes y entre risas saliste disparada hacia el agua. Yo, segundos después, corrí intentando alcanzarte. El baño fue maravilloso. En el agua no faltaron las risas, los besos, las caricias, los abrazos, el conocer poco a poco nuestros cuerpos.

Después de largo rato acariciados por las olas y por nosotros mismos, salimos a la arena abrazados y nos dejamos caer sobre las toallas, boca arriba, mirando el cielo estrellado, muy cerca el uno del otro, sin pronunciar palabra, escuchando el sonido de las olas golpear sobre las rocas. Después de un largo rato, me giré sobre ti, te abracé, acaricié tu cuerpo desnudo, besé tus deliciosos labios y te propuse marchar al apartamento que había alquilado frente a la playa. Tras vestirnos, casi apresuradamente, volvimos por nuestros pasos, cogidos de la mano, charlando y disfrutando de la noche, recordando lo agradable que había sido nuestro baño y lo excitados que nos habíamos puesto los dos, al ver nuestros cuerpos desnudos y poder acariciarnos por primera vez.

Cuando por fin llegamos, entramos al apartamento y dejamos nuestras cosas a un lado para dedicarnos de nuevo a abrazarnos y besarnos apasionadamente, nuestras bocas se unieron en besos llenos de pasión. En medio del gusto de los besos comencé a soltar tu ropa, la blusa salió primero y luego las manos se dieron a palpar los pechos sobre la tela del sujetador. Tú rodeabas mi cuello besándolo sin cesar. Luego mis manos se deslizaron sobre el botón del pantalón que llevabas, soltándolo y enseguida bajando el cierre, permitiendo así que el pantalón se deslizara cayendo por entre tus piernas hasta el suelo.

Un pequeño pasito a cada lado y quedaste ahí frente a mi con un precioso conjunto interior negro, mis manos acariciaron tus glúteos agarrándolos con ambas manos y apretándote contra mi cuerpo, ambos estabamos de nuevo, muy excitados. Sin dejar los besos, las manos fueron tras tu espalda para desabrochar el sostén y así liberar los pechos del encierro, te sorprendiste gustosamente al sentir aflojar la presión y los besos se hicieron más intensos.

Ahora te diste a la labor de desnudar mi cuerpo, comenzando por desabotonar la camisa hasta abrirla y sacarla para así luego acariciar con tus manos el pecho y abrazarlo fuerte con más besos. Enseguida te pusiste a soltar la correa del pantalón; desabrocharlo, bajar el cierre y deslizarlo hacia abajo hasta quitármelo, fue todo uno, en un suspiro, el slip apenas podía contener la presión de la excitación, mi miembro duro deseaba ser liberado pronto. Ya casi desnudos, solo con la ropa interior, te recosté en la cama y al observarte pude ver como la excitación había mojado la tela de tu diminuto tanga, por unos instantes me puse sobre ti y te besé acariciándote, tú me empujaste para hacerme caer sobre la cama, donde quedé de espaldas y tú, subiéndote sobre mi; comenzamos a acariciarnos y besarnos con nuestros cuerpos ansiosos ya por satisfacerse.

Te movías sin parar sobre mi, ambos restregábamos los cuerpos, unidos en la zona de nuestros sexos, finalmente te quité el sostén y tus pechos desnudos fueron atrapados por mis manos y sin demora comencé a besarlos, lamerlos, chuparlos y comerlos, golosamente, tú en tanto, en posición semi-sentada restregabas con fuerza tu sexo sobre el bulto duro que bajo mi slip, ahora tenías entre tus piernas.

Entonces, deteniendo mis besos a tus pechos dijiste que querías saludar a tu amor, y deslizándote te ubicaste con la cara justo sobre mi sexo, entonces quitando el slip desnudaste el tronco de carne, duro como estaba y lo aprisionaste entre tus dedos comenzando una serie de tiernas caricias y tiernos y deliciosos besos sobre la cabeza del pene, para luego abrir tu boca y lamerlo, besarlo y comerlo con glotonería. Pero nuestra pasión estaba desbocada y ambos queríamos más. Nuevamente volviste a sentarte con las piernas abiertas sobre mi, y otra vez refregándote contra mi, comenzaste a buscar mi pene, y yo acariciando tu cuerpo busqué entre tus piernas para tocar tu vulva húmeda, y corriendo a un lado la diminuta tela del tanga descubrí tu sexo para sentir cerca de mi pene el calor de una ardiente mujer.

Así ubicados me pediste que te penetrará ya... entonces comenzamos a jugar, tú tomaste mi pene y lo llevaste dentro de tu vulva... pero yo resistiendo mi deseo te penetré solo un poco, nada más para hacerte sentir el pene, entonces tú, riendo, empezaste a buscar más penetración y yo a duras penas te mantenía a distancia sujetándote por las caderas. Así te evité varias veces hasta que repentinamente te solté logrando penetrarte de una sola vez profundamente, gritaste y luego comenzaste a gozar del pene que se había refugiado dentro de tu cuerpo... subiendo y bajando comenzamos un ritmo sexual frenético, lento al principio, aumentando la cadencia después, con pasión, duro, sin pausa, acompasados los cuerpos, sin parar de acariciarnos, besándonos en cada centímetro que nuestras bocas alcanzaban ... Jugamos así largo rato... hasta que sentí un deseo irrefrenable de acabar, pero lo contuve y me retiré de tu cuerpo para respirar...

Aprovechamos el momento para saborear una fría copa de cava para aliviar nuestros calores y brindar por nosotros. Aliviados los calores, juntamos de nuevo nuestros labios mojados por el cava, lo que producía una bonita sensación. Sensación que aumentó cuando sin buscarlo, rocé uno de tus pezones con la copa y el frío del cava provocó una erección en el mismo de lo más sensual. No pude reprimir el deseo y tras tomar un poco de cava en mi boca, mojé tus pezones con el mismo, lamiéndolos, chupándolos, empapándolos, sintiendo como crecían en mi boca mientras apurabas tu copa y arqueabas tu cuerpo para acomodarte y sentir el placer lo más intenso posible y facilitar al mismo tiempo el que yo pudiese desnudarte completamente, quitando la única prenda que aún te quedaba, el tanga.

Quitado éste, pude descubrir absolutamente tu sexo ardiente, te levanté para tocar y acariciar tu sonrosada vulva. Te tendiste hacia un costado y yo me acerqué a ti por detrás rodeándote con los brazos y acariciando tu cuerpo. En esta posición te besaba en el cuello y la nuca para luego buscar penetrarte desde atrás... me facilitaste la entrada acomodándote para así comenzar a recibir otra vez el pene duro dentro de tu cuerpo. Yo busqué la entrada de tu sexo, húmedo y caliente que lo recibió con todo gusto y lubricación... deslizándose hasta tu interior a plenitud.... lograda la penetración comenzamos una serie de movimientos para acrecentar las sensaciones de placer. Así ubicados te invité a mirar hacia arriba y ver reflejados nuestros cuerpos unidos haciendo el amor, reímos mientras seguíamos el juego, te levanté sobre mi, manteniéndote penetrada y así observaste tu cuerpo de mujer poseído por mi.

Como parecía venir ya el placer, optamos por tomar un nuevo descanso y refrescarnos ambos tomando otra fría copa de cava. Nuevamente los besos unieron nuestras bocas y nuestros cuerpos se buscaron en caricias y calor. Me sonreíste con ternura y picardía y me dijiste que te darías un gusto ahora, y te deslizaste hasta ubicarte sobre mi sexo duro y caliente, comenzaste a acariciarlo con tu mano, hasta tomarlo, luego comenzaste a besarlo tiernamente, como si lo mimaras, con tu lengua acariciabas el contorno de la piel, recorrías de arriba abajo y otra vez arriba, luego lo ponías dentro de tu boca y lo chupabas cerrando los labios alrededor y penetrando tu boca en un juego ardiente, tu lengua no dejaba de tocar la piel más sensible, así recibía placer a montones y podía observar la escena sobre el espejo, viéndote dedicada absolutamente a satisfacer tu deseo por disfrutar de mi pene tanto como yo disfrutaba del placer que recibía... Un respiro se hizo necesario para dar más fuego al placer.

Te echaste sobre mí y nos besamos con todo placer, nuestras lenguas unidas mezclaron los sabores sexuales con gusto y pasión. Con tus piernas abiertas llevaste el pene a la abertura de tus labios vaginales, donde recibiste de nuevo la penetración en forma total y deliciosa, jugando a cabalgar tu potro con lujuria y deseos de más. Te penetraba con fuerza y te sostenía para ir controlando tus arrebatos, así lograba prolongar el gusto por más tiempo. Te dejé hacer ofreciéndote toda mi erección y tu comenzaste a moverte buscando la penetración total, poco a poco me iba abriendo camino, te empujaba un poco y tu retrocedías para luego volver con un nuevo movimiento de caderas auto penetrándote un poco más hasta que entera, logró ubicarse dentro de ti. Al verte así poseída me pediste que te penetrara sosteniendo tus piernas en alto, era tu fantasía hacerlo así, pues el pene entraba con una profundidad mayor... gemías y dabas quejidos de placer con cada embestida, estabas encantada, mientras, acariciaba tus piernas y veía como te abandonabas al placer.

Cuando la situación alcanzó este punto sentí que mi sexo ya necesitaba descargar todo el placer acumulado, y tú por tu parte habías entrado en un trance sexual de arrebato total, te quejabas y gemías por las sensaciones a través de tu cuerpo, los dos ardíamos en deseos ya incontrolables... mis manos se fueron sobre tus senos apretujándolos y mordiéndolos a la vez, mientras el pene entraba y salía a un ritmo infernal... tus manos se aferraban fuertemente sobre mis glúteos como para impedir que saliera de tu cuerpo y empujándolo más cada vez... en ese momento te miré y tú movías la cabeza de un lado a otro gimiendo de placer... al verte así de descontrolada mi pene ya no pudo aguantar más y explotó de placer apretando muy fuerte para vaciar su pasión en ti.

Unas fuertes sacudidas dieron paso a una carga en la que mi tronco pareció endurecerse más y las paredes de tu vagina comenzaron a convulsionarse apretándolo con calor y humedad... respirabas entrecortadamente y gemías y dabas grititos hasta que el orgasmo te arrebató, luego de unos segundos de silencio y con los sexos palpitantes aún muy unidos mantuvimos un suave ritmo hasta caer rendidos y exhaustos. Eran casi las 4 de la mañana. Un cálido beso dio paso a un suave abrazo y en esa postura nos quedamos dormidos hasta el amanecer.

Estoy convencido de que el siguiente día fue maravilloso y estoy deseando que tú me lo cuentes con pelos y señales. Es una fantasía que me arde por dentro y que espero ver cumplida pronto. Mientras espero ilusionado el relato que de ese día me quieras hacer, te mando un beso que humedezca tus bonitos labios.

Autor: A_ gusto